Tu propio rollo

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08/2012

Hacia una mística terrena para la reparación del mundo

Mi ciudad

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Para Génesis. “La llama encendida que habita mi corazón”. 

Te miro, y el infinito es una emoción constante que puede medirse bajo las capas de la piel.
Justo allí, donde lo sagrado ya no puede ser nombrado, porque parece escapar de todas las facultades explicativas del lenguaje registrado sobre el papel, mediante una especie de precariedad que se aloja reverentemente en la sintaxis, para invitarme a respirar la dimensión salutífera del silencio. 
Un silencio, que no comporta una postura ineficaz de sobrecogimiento estático destinada a interrumpir los sentidos, sino un estado excepcional de contemplación atenta, capaz de discernir el fundamento de la energía cotidiana que nos mueve: y a través de la cual, honrados en la gracia divina de la creación, Tú-Ella-y-Yo somos uno. “Juntos. Para siempre juntos. Como mar y arena. Como noche y luna”(1). Pues no dejo de sentir la deslumbrante verdad de esta experiencia que trasciende todos los ruidos del mundo, para conectarme con la luz esencial de tu ombligo. 
Esa pequeñísima circunferencia de latidos nuevos que compartes con Mamá, mediante la delgadísima pureza de un cometa umbilical, que encarna la conexión humana más elevada con la sabiduría cósmica.
Ya que se trata de uno de esos escasísimos hechos, que el vértigo de la posmodernidad nunca podrá disolver en el relámpago de lo fugaz, donde, en palabras de María Zambrano, «todo ocurre como si no ocurriera, y la palabra se borra sin haberse hecho carne»: ya que apenas basta con aproximarme al delicado revoloteo de gaviotas que inventas en su estomago, para reconocer a la Maternidad como el único acto irreprensiblemente humano capaz de interrumpir desde la  propia raíz del milagro de la vida, la cadena de circunstancias rutinarias que paradójicamente separan al individuo de sí mismo, hasta ofrecerle la viabilidad de un nuevo tiempo espiritual.
Un nuevo tiempo espiritual, que históricamente nunca ha sido interiorizado de forma apropiada en el ámbito masculino, y no guarda relación alguna con ninguna clase de culto, religión o creencia, por cuanto representa principalmente un estado místico de la sensibilidad, facultado para ponernos en contacto directo con la realidad más auténtica del universo. 
La cual, nos convida a constatar aquello que aún queda de consistente en el desenvolvimiento de la sociedad, gracias a esa innegable trascendencia de Lo Femenino, que recobra la significación del Amor como fuerza motriz que garantiza la cohesión interna del firmamento en el Ser Humano. Quien, en el ejercicio imperfecto de la cotidianidad, debe comprender que dicho ángulo de la espiritualidad no constituye un portento irreflexivo para la entronización sacrosanta de la Mujer, derivado a que se basa, en el reconocimiento eficaz de La Creación Materna, como núcleo esencial donde resulta asequible reconciliar la igualdad inmanente de las personas.  
Porque descubrir que soy Papá desde la fuerza gravitacional de cada lágrima feliz que destila el organismo: simboliza la inagotabilidad de un hechizo, que sobrepasa la función biológica elemental donde yace la posibilidad de originar la vida. Pues, más allá de la herida contradictoria en que la sociedad ha convertido la búsqueda de la felicidad, aprecio que todavía es posible elevar el entusiasmo por la Paternidad, hacia un estado de conciencia superior preparado para transformar el sufrimiento del Hombre de la época.
Este ser posatómico apasionado por los avances de la tecnología, que no se está tomando el paréntesis de pausa necesario que le conduzca a captar mínimamente, la importancia astronómica que prevalece cuando logramos mantener la Coherencia entre palabra y acción. Ya que, entre las innumerables expresiones vacías que cimientan la aparente convivencialidad, pronunciar que deseamos un mundo mejor para nuestros hijos, debe implicar una serie de acciones realmente comprometidas en resolver las diversas problemáticas terrenales en torno a la ética del cuidado. 
Un cuidado, que como hilo conector ilimitado, está plenamente vinculado a concepciones capitales, como Tolerancia, Política, Familia, Libertad, y Misericordia, entre otras no menos relevantes, que componen el andamiaje antropológico que nos interpela. Y donde por ejemplo, tenemos la integra responsabilidad, de continuar enriqueciendo de valores transparentes el contenido perfectible de la Democracia, como el ideal hasta ahora más elevado, de la conciencia político-ciudadana verdaderamente respetuosa del estado de derecho. Dado que compone una obligación, avanzar hacia el plano fraternal pertinente que nutra de probidad el progreso.
Con el propósito cardinal, de garantizar la favorable estabilidad de esta relación colectiva, dentro de la cual, como mencioné en mi Cuaderno inicial La revelación de lo femenino como vehículo hacia Dios, conviene <<preservar el ejercicio colectivo de la humildad como componente capital en la revisión crítica de la condición humana: puesto que no somos dignos de la bendición del cielo por la perfección de nuestros actos, sino por el valor de afrontar aquello que se puede corregir>>.
Ya que logras transmitirme una sensación de recogimiento, que se enreda hasta en la más mínima fibra de cada movimiento alegre que purifíca el espíritu, para madurarlo paulatinamente hacia ese callar curativo de la existencia, donde no existen desacuerdos con la naturaleza. Como si dentro del más sencillo gesto de júbilo, los tres consiguiésemos alcanzar la perdurable convicción, de haber capturado entre tanta conceptualidad sobre el sentido de la vida, esa evidencia decisiva que baña el hilo más básico del mismo.
Ese mismo sentido, que una mañana de diciembre nos orientó por el entrañable hallazgo de contemplar, los casi imperceptibles 9 milímetros de longitud que reveló el monitor del consultorio, donde celebramos la primera ecografía de tus latidos. Como si se tratara de la Génesis de una certeza matemática que resuelve todos los alcances de la palabra Inocencia: gracias a algún tipo de encanto misterioso que no hace falta descifrar, por medio del cual nos permites asomarnos al primer giro la tierra.

@timbalaye

(1) Luis Enrique Mejía (Somoto, 1962). Fragmento de la canción “Juntos”. Correspondiente al trabajo musical Génesis. 1996. 
Fotografía: “Ya no existe aeropuerto en el mundo que no tenga como destino tus ojos” © ® Juan Carlos Linares, Julio 2012. 

Juan Carlos Linares (Caracas, 1977), fundó su contacto formal con la escritura en 1994, como articulista deportivo del órgano “Inquietudes”. Hasta que en 1999, después de un ejercicio acumulado en las gavetas de su habitación, reinventa su postura reflexiva al identificarse con la propuesta filosófica musical del cantautor nicaragüense Luis Enrique, “Timbalaye”: que lo inspira a emprender la elaboración de su primer trabajo formal inédito <<Reflexiones desde una taza de café en la ciudad de Caracas>>. Hallazgo de talante espiritual que estampa el comienzo de un proceso de aprendizaje que desde el 2000, lo impulsa a realizar múltiples actividades de reflexión vinculadas a la literatura, el arte, las ciencias políticas y otras ramas de estudio. Desarrollando una instrucción continúa durante la cual resulta Finalista y Seleccionado a partir de 2001, en diversas convocatorias de Venezuela, España, México, Colombia y Uruguay; que lo llevan a integrar publicaciones colectivas latinoamericanas, participar en proyectos benéficos, e impartir talleres de Cuento como género de aprendizaje en escuelas de educación básica. Un periplo que en 2007, favorece la organización general de sus manuscritos durante un viaje prolongado a la Isla de Margarita: que marca el inicio de la construcción de su proyecto ensayístico <<La revelación de lo femenino como vehículo hacia Dios>>. El cual, desde la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2008, viene presentando a manera de Ponencia en diversos eventos internacionales de reflexión. Donde destaca, el recibimiento de “La Moneda del Gobierno de Tamaulipas 2005-2010”, como atención especial por su participación en el II Encuentro de Escritores Los Santos Días de la Poesía. Una experiencia seguida de un tiempo de pausa que se deshace a principios de 2012, cuando incursiona en la elaboración de textos para documentales de televisión, cápsulas reflexivas para programas de radio, y la planeación de una serie de artículos antropológicos para medios iberoamericanos, además, de formar parte del significativo Mural fotográfico de la iniciativa Agentes de Cambio de Bogotá, que promueve un cambio de conciencia, capaz de contribuir con la transformación de los problemas sociales. 


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